Resumen de la Parashá Jukat

Puntos Salientes

- Se dan los detalles de las leyes de la Para Adumá (vaca roja, sin defectos), que será sacrificada fuera del campamento y servirá de purificación espiritual para quien entre en contacto con muertos.
- Fallece Miriam, hermana de Moshé y Aharón. Por su mérito había agua en el campamento. Luego de su muerte el pozo deja de dar agua y comienzan las quejas del Pueblo. Di´s instruye a Moshé para que hable a una roca en Merivá de la cual fluiría agua. Moshé en vez de hablarle a la roca la golpeó. Por este acto, Di´s anuncia a Moshé y a Aharon que no serán ellos quienes hagan ingresar al pueblo en la Tierra Prometida.
- Muere Aharón en el Monte Hor y es sepultado allí. Se cumplen 30 días de duelo en los que el Pueblo lo llora. Su hijo Elazar es investido como Kohen Gadol (Sumo Sacerdote).
- Balak, rey de Moav, con miedo de que el Pueblo de Israel invada su territorio acuerda con sus antiguos enemigos, los midianitas. Luego encarga a un hechicero, Bilam, que maldijera a los hijos de Israel. De la boca de Bilam salieron bendiciones.
Construyendo mundos
Luego de la muerte de Miriam, la hermana de Moshé, el pueblo se queda sin agua. El Midrash explica que el manantial de agua abastecía al pueblo durante su travesía por el desierto por los buenos actos de Miriam. Ella profetizó que su hermano Moshé iba a nacer, lo protegió y lo envió por el Nilo hacia la hija del Faraón para salvarlo de la muerte entre otros hechos. Por su mérito, el pueblo tuvo una fuente de agua durante su viaje, que era llamado el manantial de Miriam. Con su muerte el agua desapareció.
Con ira, el pueblo reprocha a Moshé y Aarón por la falta de agua. Para resolver el problema, Moshé y Aarón pierden el derecho de entrar a la Tierra Prometida. Moshé golpea la piedra de la que manaba agua en vez de hablarle.
Muchos se preguntan por qué tan grave pena por algo que en principio parece una falta menor.
Les propongo una situación para que pensemos: Estamos en un colectivo y se acerca el momento de bajar. Entre nosotros y la puerta hay una persona que obstaculiza el llegar al timbre. Le preguntamos si baja en la próxima parada y no nos presta atención. Le volvemos a preguntar y no vemos ningún movimiento. Se acerca el colectivo a la parada y nos vamos a pasar. ¿Qué ocurre en la mayoría de los casos? Lo más probable es que esa persona sea empujada o golpeada para que los demás puedan bajar.
¿Saben quienes, según las estadísticas, son las víctimas de más violencia en la calle? Los hipoacúsicos. Probablemente nunca se nos hubiera ocurrido que quien estaba delante de la puerta no podía oírnos y hubiéramos solucionado el problema tocándole el hombro y avisándole que queríamos bajar.
Muchos somos impulsivos. Actuamos por reacción. Así como Moshé en vez de hablarle a la piedra la golpeó, muchas veces nuestras actitudes son similares. Actuamos por nuestro temperamento y no nos detenemos a pensar cómo podemos hacer las cosas mejor.
Porque no le damos a la palabra, el valor que la palabra tiene. La palabra mal utilizada puede ser un arma muy peligrosa. La palabra construye mundos. D´s creó el mundo a través de la palabra:”Con su verbo el mundo se hizo“.
Uno simboliza el acto con la palabra: Cuando saludamos a un vecino en el ascensor, Cuando agradecemos una buena intención, Cuando nos sentamos a conversar con un amigo, Cuando escuchamos a alguien que tiene un problema, Cuando le damos las buenas noches a un hijo, Cuando decimos te quiero, Cuando escuchamos a un zeide contando una vieja historia.
Es cuando construimos mundos.
Di´s mediante que podamos encontrar en nuestros impulsos la mejor de las respuestas: que brote de nuestro alma un manantial de palabras que riegue nuestra vida.
Shabat Shalom
Diego Elman

JUKAT

Hay una forma de entender a nuestra Torá según la cual sus episodios y narraciones está orientados a dar determinadas enseñanzas articuladas a través de una narración contada en clave “histórica”. Esta lectura propone que el centro de la narración no está puesta en quienes protagonizan estos relatos, sino en quienes los leen, es decir, nosotros: esto, propone centrar nuestra atención en el cuidadoso estudio del texto para aprender algo concreto para nuestra vida cotidiana, más que para justificar o no a nuestros héroes. La Torá es así una verdadera enseñanza de vida.

Este Shabat vamos a estudiar un episodio muy emblemático de esta propuesta que no busca el estudio de los textos, sino del estudio de la vida a través de ellos. El mismo (Bemidbar 20:1-13) cuenta que no había agua para beber, por lo cual el pueblo se congrega contra Moshé y Aarón protestando y reclamando por la buena vida que llevaban en Egipto. Ante el desconcierto de los líderes, Dios le pide a Moshé que tome su bastón y hablen con una piedra que estaba en el lugar. Moshé trata al pueblo de rebeldes, y golpea con la vara dos veces a la piedra, luego de lo cual brotan aguas en abundancia, que quitan la sed del pueblo y su ganado. Dios acusa a Moshé y Aarón de no haber confiado en él, razón por la cual no habrían de ingresar a la tierra prometida.

Innumerables explicaciones se han dado a esta tremenda prohibición que parece exagerada a la luz de la obra de Moshé, como máximo gestor de la salida a la libertad del pueblo. Estas son hechas como quien ya sabe qué es lo que quiere responder: qué “pecado” cometió Moshé, presumiendo que si Moshé recibió un castigo Dios “algo habrá hecho para merecerlo”. La razón cambia según el intérprete; golpear la piedra cuando Dios sólo le pidió que hable con ella; haberlo hecho dos veces en lugar de una; no haber confiado en lo que Dios le aseguró; haber llamado al pueblo “rebeldes”, e inclusive hubo quienes propusieron que el verdadero pecado es omitido por nuestra Torá para no avergonzarlo a Moshé y mostrarlo tan falible.

Una cuestión a destacar es el hecho de que en ningún momento Moshé cree haberse equivocado. Si tenemos en cuenta la frase de la Torá según la cuál él era “el hombre más modesto de toda la tierra” podríamos pensar que de haberse equivocado no hubiese tenido problemas en reconocerlo.

Podemos aprender de esto que tal vez Moshé no se haya equivocado, sino que su pueblo fue el que, con su reclamo y desagradecimiento permanente el que lo condenó a no ingresar en la tierra. Eso es lo que expresa el Salmo (106,32) “También lo irritaron en las aguas de Meriba; le fue mal a Moisés por causa de ellos”. Cuenta un Midrash que Dios le explicó a Moshé: si la generación que vos llevaste por el desierto no entró a la tierra, ¿por qué habrías de hacerlo tú?

Una dimensión política nos señala esta lectura; a diferencia de la opinión más usual, que pone en las debilidades e inconsistencias de los dirigentes las culpas de lo que padece el pueblo, aquí la Torá nos sugiere que el líder paga caro por los errores del pueblo a quien representa. El sostén de los líderes es la otra parte del contrato de delegación que “firman” los representados.

Pero hay también una lectura personal que quiero compartir con ustedes: la Torá hace de Moshé un recurso para señalar que cada uno de nosotros es, como él, llamado a liberarse de los yugos que lo oprimen e invitado a su propia tierra de promesa. Éste es el sentido de la metáfora del desierto; en tal caso, Moshé debía ser dejado fuera de la tierra de Canaán: porque la conquista, es decir, la realización de la promesa que Dios inicia con Abraham es a animarse a ingresar en la tierra de nuestra realización personal: eso que puede iniciar otro, pero sólo podés concluir vos. Siendo cada uno de nosotros heredero directo, continuador de la obra de Abraham a Moshé, la narrativa histórica deja en claro que la verdadera obra de realización que fue prometida a Abraham y avanzada por Moshé está todavía pendiente de ser realizada. No hay en verdad conquista de la tierra que no sea metáfora de la capacidad de abordar lo desconocido aún con el temor que provoca; de trazarse un camino propio e ir tras él.

Siendo esto así, lo que se formaliza en esta Parashá no es que Moshé se haya equivocado, sino que en la continuidad natural de las generaciones, los logros del pasado –representado por el pueblo que se acerca a la tierra prometida- no son la corona para regodearse en el presente, sino para tomar el impulso y avanzar con nuestros propios pasos por nuestro camino.

Shabat Shalom!
Rabino Ariel Korob