Parashat
Terumá contiene los lineamientos iniciales para la construcción del Mishkan.
Mishkan era la morada de D-s sobre la tierra pero –por sobre todas las
cosas- afianzó como comunidad religiosa a ese conjunto de tribus que meses
antes habían abandonado Mitzraim.
El Mishkán era una construcción portátil. Pero, por sobre todas las cosas,
el Mishkan no estaba destinado a ser una construcción permanente. Pasó de
funcionar en el desierto a Shiló, de shilo a nov, de nov a Guivón hasta que
finalmente se construyó el primer 8eit Hamikdash
También nosotros, aquí en la comunidad Israelita de Santiago armamos y
desarmamos periódicamente nuestro salón, transformando a esta combinación de
sillas, puertas, pare-des y ventanas en un Beit tefila, una casa de morada
para D’s.
También nosotros sabemos lo que es una morada pasajera, y podemos recordar
de memoria las distintas estaciones en las que acampamos desde nuestros
inicios como kehila.
Y si bien dentro de poco tendremos nuestro nuevo Templo, debernos convenir
que pertenecer a esta generación errante a la que pertenecemos como
tiene mucho de mística; de epopeya y de desafío.
Ser pionero tiene su encanto, sobre todo cuando uno sabe que está dando
forma a loe cimientos de una kehilá que habrán de disfrutar D´s mediante
nuestros nietos.
de dónde sacó Israel la madera para la construcción del Mishkan, podríamos
preguntamos
El midrash (Tanjuma, Trumá) nos enseña que Jacob Avinu las había sembrado
cuando tiempo atrás, cuando en tiempos de hambruna para Eretz cuando,
descendió con sus hijos a Egipto.
Entonces les dijo Vayan y planten cedros. Cuando en el futuro sean ustedes
redimidos de este lugar y D’s les pida construir un mishkan las cedros
estarán a punto.
Jacob jamás iría a conocer el mishkan ni siquiera sus hijos habrían de
conocerlo...
Pero el midrash nos enseña que construir no es solo martillar y apilar
ladrillos Construir es soñar para adelante, planificar, tener un horizonte.
Construir ha sido siempre para el pueblo judío un acto transgeneracional. Un
movimiento continuo. Una actitud, más que un acto
Parashat Trumá es entonces mucho mas: que un tratado de Arquitectura y
Diseño de Interiores. Es el mapa de ruta en el que los judíos nos hemos
visto reflejados por siglos a la hora de emprender nuestras construcciones.
Es esfuerzo, entrega y algunos tropiezos.
Es el llamado –corno sugiere esta historia- a ser
constructores
Nosotros y el Mishkán
Paroshat truma contiene los lineamientos iniciales para la construcción del
Mishkan
Aferrándonos
Pero Moviéndonos Aún
Generalmente pensamos en los edificios y monumentos importantes, de magnitud
y estabilidad como estacionarios. El diseño del Tabernáculo y todos sus
componentes, ya que el Arca es descrita por primera vez en la Parashá de
esta semana, considera una estética diferente, es decir la portabilidad. Los
dominios terrenales de Dios no fueron establecidos para ser estacionarios.
Semejante al equipo para acampar, el Tabernáculo y todos los artículos que
contenía fueron diseñados para ser separados, guardados y transportados, y
armados con rapidez y eficiencia.
El Arca misma—la pieza más santa—se distingue por los querubines en su tapa
y por varas cubiertas de oro. Las varas “han de permanecer...no se quitarán
de ellas.” (Ex. 25:15). Son el medio por el cual lo estacionario se
convierte en móvil si surgiera la necesidad de levantar campamento, aún
repentinamente. Como el lugar para la residencia temprana de la Divinidad en
medio de la joven nación, el Arca estaba diseñada para ser levantada y
transportada regia y decorosamente sin previo aviso. En otras palabras, la
forma sigue a la función.
Sobre este mismo tema, se informa acerca de una discusión en el Talmud
Babilónico (Menajot 98b) acerca de la posición en que iban las varas—si a lo
largo o a lo ancho del Arca:
· ¿Cómo sabemos que las varas iban a lo ancho del Arca? ¿A lo mejor se las
colocaba a lo largo del Arca?
· Rabi Iehuda contestó, “Porque dos hombres no podían estar parados en el
espacio de un codo y medio.”
Si los palos hubieran estado colocados a lo largo del Arca, hubiera sido
imposible que lo llevaran cuatro hombres—dos adelante y dos atrás—porque en
ese caso no habría bastante espacio entre los hombros de cada par.
Suponiendo que el Arca era demasiado pesado para que la cargaran dos
hombres, las varas deben haber estado colocadas a lo ancho del Arca, para
que cuatro pudieran llevarla. Con dos hombres al frente y dos atrás, del
lado de afuera de las varas, los portadores rodeaban al Arca.
El Jatan Sofer enseñó que las varas con que se transportaba el Arca
simbolizan a aquellos que apoyan el estudio de la Torá, como esta escrito
“es árbol de vida para los que echan mano de ella y dichoso es todo aquel
que la tiene asida.” (Prov. 3:18). Se nos dice que más que llevar al Arca
sus portadores eran llevados por ella. Para comprender el sentido de los
estados portables y estacionarios del Arca, toma en cuenta que Dios
generalmente se comunicaba con Moisés cuando el Arca estaba estacionaria,
como está escrito, “Y allí me encontraré contigo a tiempos señalados y
hablaré contigo desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos
querubines (que estarán sobre el arca del testimonio) respecto a todo lo que
te ordenaré, en cuanto a los hijos de Israel” (Ex. 25:22) Los levitas, como
los primeros entre el pueblo de Israel en mudar muebles, se aseguraron que
el Arca siempre estuviera disponible para que Dios pudiera comulgar con
Moisés en cualquier campamento. Cuando el Arca era transportada, Dios estaba
presente como una columna de humo o fuego, conduciendo al pueblo a lo largo
del camino, pero callado, resuelto en la decisión ya tomada.
El simbolismo, que proviene de la forma del Arca, que fue una necesidad, es
consistente con nuestra comprensión moderna de la Torá. Ambas son objetos
sagrados; ambas merecen ser protegidas. Ambas son instituciones sagradas
pero no permanentes en nuestras vidas ya que nos asimos a ellas de vez en
cuando. Aunque la Torá puede ser una carga pesada, sus mensajes pueden ser
edificantes. Sin embargo el mensaje transmitido a través del Arca y los
mensajes contenidos en la Torá no son transmitidos cuando la una o la otra
está en transito, sino más bien cuando se paran, cuando los que de otro modo
podrían estar llevando la carga están disponibles para escuchar. Y al
encontrar el tiempo para escuchar, nos elevamos espiritualmente.
Otra tradición quizá pueda influir en nuestra comprensión. Un maestro Zen
una vez enseñó, “Cuando la mente se mueve, el cuerpo debe permanecer quieto.
Cuando el cuerpo se mueve, la mente queda quieta.” La interpretación
asiática tradicional explica que una persona debería ser resuelta una vez
que él o ella se ha decidido a actuar. Pero toda acción debería estar
precedida por una planificación cuidadosa.
Necesitamos estar mental y corporalmente preparados para realizar nuestras
ambiciones. Vivimos nuestras vidas corriendo de un lugar a otro completando
tareas dispares por el camino. Sin embargo, nuestro movimiento de un lugar a
otro, puede impedirnos “prestar atención al llamado,” que sólo podemos
escuchar cuando estamos quietos. Tomarse tiempo para escuchar y estudiar
produce una permanencia que no puede ser igualada por los aparentemente
significativos objetivos que están delante nuestro. Las ideas y los
sentimientos que despiertan en nosotros, tanto si son edificantes o si son
una carga, están siempre con nosotros.
A medida que la Torá sale del Arca y entra en nuestras vidas, se nos dice
que debemos asirla fuertemente. Estar disponible para la Torá, cuando ésta
se detiene, es equivalente a hacer un campamento con un propósito. Al
sentarnos en una cómoda silla para estudiar, nos abrimos a mensajes que no
habíamos oído aún. Por encima de todas las cosas que podemos llevar con
nosotros, la Torá es algo que primero debemos asir fuertemente, y sólo
entonces podemos aquietarnos en el estudio.
RABINO LEV HERNSON
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