Cartillas de judaísmo

Cartillas de judaísmo

Como se lo prometimos, a partir de esta edición empezaremos a ofrecerles unas historias reales- bellísimas- acerca de dudas, que en forma casi permanente, nos asaltan a los judíos. Se trata de la transcripción del libro escrito por el Rabino Edward Feinstein

titulado “Tough Questions Jews Ask” (Preguntas problemáticas que formulan  los judíos). Trataremos de ser lo más fieles posibles al texto original; no obstante, los errores que puedan presentarse responderán, únicamente, a la impericia del traductor.

Recomendamos su discusión en familia, especialmente cuando la integran jóvenes adolescentes. Que lo disfruten.

 

1.- ¿ ESTA PERMITIDO QUE  PREGUNTE?

 

¿ SE ENOJA D’OS SI HACEMOS PREGUNTAS?

 

Ellos eran el  peor curso que alguien podía recordar.  “Asesinos de profesores”, los

llamaban.  Era recién Diciembre  y ya  habían enviado a tres profesores con jubilación anticipada:

  • La Sra. Goldemberg, una veterana con muchos años de enseñar a los cursos de séptimo básico, tuvo que abandonar después de de un mes de soportar su comportamiento rebelde  y sus bromas.

  • El  Sr. Weinberg, presentado a si mismo como un  profesor joven y “moderno” quien conducía una moto para ir a la sinagoga y tarareaba las canciones de moda, duró una semana y media.

  • La Srta. Alon, ex sargento en el ejército Israelí que había sobrevivido a terroristas verdaderos,  no pudo sobrevivir a este curso.

Yo fui la  última instancia.  Yo soy el rabino,  y se supone que se como se producen los milagros.

Supongo que fue algo milagroso lo que sucedió.  Los niños en la clase se dieron cuenta que una  cosa era echar unos pocos profesores corrientes; pero otra distinta era ponerse en el lado contrario a  su rabino.  Después de  todo, todos esperaban celebrar su  Bar o

Bat Mitzvá en el año venidero.  Y para eso se necesita al rabino.

Cuando entré a la sala, estaban listos.  No con su saludo habitual de palabras indebidas,  apariencia aburrida, escupos y aviones de papel; sino con una especie de solicitud.

 

Estimado Rabino:

Como usted sabe, este es nuestro año de graduación en la  Escuela Hebrea.  Pero nosotros todavía tenemos montones de preguntas que nunca fueron  contestadas en los años que hemos estado aquí.  ¿En vez de estudiar la materia del libro podemos, por favor, ocupar el tiempo que nos queda este año contestando estas preguntas?

Respetuosamente,

El Curso de Séptimo Básico

 

“Parece una gran idea  “,  respondí.  “Empecemos ahora mismo.  Yo trataré de contestar cualquier pregunta que ustedes  tengan.  ¿Cual es la  primera?”

Hubo un momento de silencio, como si ellos no se esperaban realmente que yo apoyara la idea.  Y entonces la niña que me entregó la solicitud dijo suavemente: “Yo tengo montones de preguntas acerca de D’os y esas cosas,  pero tengo miedo de que si se las cuento usted no me dejará hacer mi Bat Mitzvá.  ¿Así que me pregunto si realmente tenemos permiso para hacerle consultas?  ¿Se enojará D’os  si nosotros preguntamos? ”

Así es como comenzamos.

 

Déjenme contarles sobre mi Bar Mitzvá.  La semana antes de de mi Bar Mitzvá, yo era un desastre.  Recién había cumplido trece años.  Me estaba convirtiendo en un adulto, o al menos eso me decían.  Tenía planeado pararme frente al rabino, mi familia y toda la congregación y decirles a todos cuan orgulloso estaba de ser Judío.  ¡Pero estaba lleno de dudas!  ¿Por qué soy  Judío?  ¿Creo  realmente en todo esto?  ¿Creo  realmente en D’os?  ¿Creo en las historias de la Torá o en las palabras del Libro de Oraciones?  ¿Como puedo creer que D’os existe si el mundo está tan lleno de sufrimientos? ¿Quien necesita, realmente, de un Bar Mitzva?  ¿Como puedo ir honestamente hacia el Bar Mitzvá si tengo tantas interrogantes?

Yo tuve un tío que era un rabino importante.  El se pasó la  vida aprendiendo y enseñando Torá en un de colegio Ortodoxo en Chicago.  Justo antes de de mi Bar Mitzvá, se mudó a Los Angeles, donde nosotros vivíamos.  Mi padre pensó que sería bueno para mí encontrarme con tío Mottel. Así que Papá me condujo al apartamento del tío Mottel, me presentó y se fue.

Yo me senté, temblando,  frente a mi tío.  El me consultó sobre mis estudios y como me  había preparado para mi Bar Mitzvá.  Yo le conté lo qué había aprendido.  Y entonces, desde lo profundo de mi surgió algo que no había pensado decir,” ¿Tío Mottel, alguna vez tuvo preguntas que no querían salir?  ¿Alguna vez se preguntó si D’os es verdadero?  ¿Alguna vez dudó  que la Torá sea cierta?  ¿Alguna vez se preguntó por qué es Judío? ”

Por un momento estuve avergonzado y asustado.  ¡Quizá él se enojaría y me echaría afuera!  ¡Quizá me formularía  alguna antigua maldición y me convertiría en un gusano!  ¡Quizá suspendería mi Bar Mitzvá y me expulsaría del Pueblo Judío!  Pero tío Mottel sonrió bondadosamente y contestó suavemente: “¿Tengo yo preguntas?  ¿Dudo acerca de D’os?  ¡Cada día que pasa!  ¡Todos los días me pregunto si  D’os es real, si la Torá es cierta.  Todos los días me pregunto por qué soy Judío.  Pero eso es  parte del ser Judío!  En la Torá, nos llamamos Israel – el que lucha con D’os.  ¡Luchar, preguntar, pedir, buscar es lo que D’os quiere que nosotros hagamos! ¡Dios ama las buenas preguntas!  ¿Ahora dime, cuales son tus preguntas?  “El escuchó con paciencia y concentración.

Ocupamos dos horas y seis botellas de refrescos hablando de mis preguntas y sus preguntas, sus respuestas y mis respuestas.  Cada pregunta trajo una respuesta.  Y cada respuesta trajo una nueva pregunta.  El sacó docenas de libros viejos llenos de sabiduría- la Biblia, volúmenes del Talmud, y libros de  historias Jasídicas. “Estudia estos libros  “, me instruyó.  “Encontrarás que muchos otros se hicieron tus mismas preguntas.  ¡Estudia estos libros y únete a su discusión!  Eso es lo que significa ser Israel,  ser un Judío.”

Una semana después, me paré en la bimah de la sinagoga para mi Bar Mitzvá.  ¡Estaba nervioso.  Después de todo, cada niño de mi clase estaba ahí!  Pero ya no estaba preocupado por mis dudas. El Tío Mottel me había invitado a dudar, a hacer preguntas, a unirme a la discusión de esos que ocuparon más de tres mil años dudando y preguntando  – El Pueblo Judío, mi Pueblo.  En el Judaísmo, se permite hacer preguntas. Se  invita a hacer preguntas.  De hecho, hacer preguntas es una de las cosas más importantes que hace el Pueblo Judío.  En la Biblia, Abraham, el primer Judío, pide a D’os le aclare una pregunta: “¿Cómo puede Usted, el Juez de toda la tierra, no hacer lo que es justo?” (Génesis 18:25).  El momento más importante en el seder de Pesaj es el

de las preguntas:    “¿Por qué esta noche es diferentes de todas las otras noches?”  El Talmud, la gran enciclopedia de la sabiduría Judía, enseña que quien se avergüenza de preguntar,  nunca aprende (Pirke Avot 2:5).

¿Porqué las preguntas son tan importantes?  Porque nosotros somos Judíos con

todo nuestro ser – nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones.  Nosotros no tenemos permitido dejar fuera ninguna parte de nosotros mismos.  La Torá enseña: “Amarás al Señor tu D’os con todo tu corazón, con toda tu vida y con toda tu fortaleza  “(Deuteronomio 6:5).  Nótese la palabra” todo”.  Tu personalidad entera debe estar comprometida.

No se te  permite creer en algo que no tiene sentido para ti. No se te  permite hacer cosas que te parezcan erradas.  Pensando, sintiendo, creyendo y haciendo deber ser en plenitud.  La gente se mete en problemas cuando  sienten sin pensar, creen sin pensar o hacen sin pensar. ¡Si no tiene sentido – pregunta!  ¡Si no parece correcto- pregunta!  ¡Como  Judío, eso es lo que se espera de ti!