Cartillas de judaísmo

Cartillas de judaísmo

3.- ¿TENGO QUE IR A LOS SERVICIOS? ¿CUAN BUENO ES REZAR?

¿ D’os escucha?

¿D’os responde?

“Tengo que ir a los servicios, para los Bar Mitzva de mis amigos , los días Sábados” , contaba Daniel a su curso. “Odio los servicios. Son taaaaannnn aburridos” Daniel estaba siendo honesto. Entonces, de pronto recordó que soy el Rabino y echó marcha atrás. “Usted va a los servicios todos los Sábados. ¿No los encuentra aburridos?”

            “No, en realidad me gusta rezar”, le dije.

            Esto no lo podía creer. “¿En realidad le gusta? ¿Porque? ¿Qué tiene de bueno rezar? ¿D’os escucha? ¿D’os le responde?”

Abraham Joshua Heschel fue un importante Rabino y filósofo que vivió a mediados del siglo XX. Heschel viajó alrededor del mundo enseñando en sinagogas, iglesias y universidades. Dondequiera que daba una charla al atardecer, empezaba diciéndole a la audiencia: “¡Señoras y Señores, un gran milagro acaba de ocurrir!” La gente ponía cuidadosa atención preguntándose: ¿Qué milagro sucedió? ¿Por qué no lo vimos? Entonces Heshel continuaba: “¡Un gran milagro acaba de ocurrir, se puso el sol!” Algunas personas se reían. Algunas movían la cabeza ante este rabino loco. Otras permanecían pensativas acerca de que quería decir. Entonces Heschel comenzaba  a hablar de cómo una persona religiosa ve el mundo.

Milagros ocurren todo el tiempo, enseñaba Heschel. Cosas asombrosas, cosas magníficas están sucediendo alrededor nuestro. Pero la mayoría de nosotros no las notamos. Aprendimos a ignorarlas.

Normalmente pensamos que los milagros son eventos que rompen las leyes de la naturaleza- mares que se abren, plagas que caen del cielo, palos que se convierten en culebras. Heschel entendía que las cosas mas destacadas no eran estos raros e inusuales eventos, sino que cosas normales, regulares de todos los días que nunca notamos.¿Como pueden ser milagros las cosas normales? Todo está en como las miramos.

¿Ha estado alguna vez realmente enfermo? ¿Recuerda lo fantástico que se sintió cuando empezó a mejorar? ¿Recuerda cuando la fiebre se fue o la primera vez que pudo, nuevamente, tragar sin dolor? Es un sentimiento asombroso. Quizá se prometió asimismo  que nunca olvidaría lo bien que se siente. ¡Prometió que apreciaría su salud y que no volvería a considerarla garantizada, nuevamente! Eso duró como treinta minutos y lo olvidó; a todos nos sucede. ¿Que puede ser más maravilloso que estar saludable-sintiendo que todas las partes del cuerpo funcionan bien? Estar saludable  es un milagro, pero uno que la mayoría de nosotros no percibe. Sin embargo, ¿cuánto más felices seríamos si pudiéramos darnos cuenta, cada día, lo maravilloso que estar saludable? Probablemente nos quejaríamos mucho menos de las pequeñas cosas que nos molestan e incomodan, si consideráramos nuestra salud como un regalo precioso. Y nos cuidaríamos mejor.

La persona religiosa, enseñaba Heschel, se da cuenta de los milagros. La persona religiosa nota como cosas asombrosas-todas las cosas-son realmente. La persona religiosa se detiene y maravilla ante la belleza de una puesta de sol, la potencia de una tormenta y la bondad de un extraño. Lo opuesto a ser religioso, de acuerdo con Heschel, no es una persona que no cree en D’os, sino una persona que no nota todas las cosas asombrosas alrededor nuestro. Lo opuesto a ser religioso es ser aburrido.

Analizamos en una Cartilla anterior los momentos en que sentimos la cercanía de D’os. Heschel cree que esos momentos pueden suceder todo el tiempo. El problema es que estamos distraídos, estamos muy ocupados, tenemos tareas para la casa y practicar con el piano. Hay shows de TV para ver y llamadas telefónicas que realizar. Tenemos lugares donde ir y cosa que hacer. Somos gente muy ocupada. Y perdemos las oportunidades de sentir la cercanía de D’os.

Rezar es un camino para aprender como detenernos y notar los milagros que nos rodean. Rezar es un camino para tener un momento con D’os. La mayoría de la gente piensa que rezar es una forma de pedirle cosa a D’os, pero sólo una pequeña porción del rezo Judío es “rezo de petición”. La mayoría de las plegarias Judías  nos conducen a parar y notar. Rezar, en el Judaísmo, es una forma de aprender a ser perspicaz-como prestar atención a los milagros que están alrededor nuestro.

¿Cómo nos despertamos en la mañana? No soy una persona “madrugadora”. Me despierto gimiendo y rezongando. Estoy usualmente atrasado, así que voy de prisa al baño, al desayuno y saliendo al trabajo. Nunca noto el milagro de un nuevo día-una nueva posibilidad de vivir, una nueva posibilidad de aprender, una nueva posibilidad de hacer amistades. Así que aprendí a obligarme a una parada por sólo unos pocos segundos y decir una plegaria:

 

Modé aní lefaneja, melej jai vekayam, shehejezarta bi nishmatí bejemlá; rabá emunateja.

Doy gracias a Ti, Rey viviente y eterno, pues Tú misericordiosamente has restituido mi alma dentro de mí; ¡abundante se Tu fidelidad!

 

Toma diez segundos cada mañana para detenerse y dar gracias por el milagro de este nuevo día. Toma diez segundos pensar acerca de lo que es posible en este nuevo día y lo que tu puedes hacer en él.

El propósito de rezar no es para convencer a D’os, sino que para que nosotros cambiemos. El propósito de rezar es hacernos concientes de los milagros alrededor nuestro y de los momentos de cercanía a D’os que nos esperan cada día. Rezar no hace que bajemos el cielo; rezar nos eleva a nosotros. Así que al final la pregunta no es ¿Oye D’os mis plegarias? Más bien, pregunta: ¿Oigo yo mis plegarias? ¿Estoy escuchando? ¿Estoy poniendo atención? ¿Noto los milagros que suceden alrededor mío todo el tiempo?

 

¿Si rezo por algo, lo obtendré?

 

Daniel no estaba satisfecho.

“En Januca, le pedí a D’os un determinado juguete. No lo conseguí. ¿Se olvidó D’os de mi? ¿Si rezo por algo, lo obtendré? ¿Responde D’os a esa clase de rezo?”

 

Supón que tienes una prueba en un ramo que no te gusta, así que no te molestas en estudiar.(Prefieres ver TV). Unos minutos antes de la prueba, comienzas a rezar: “¡Por favor D’os, ayúdame en ésta prueba!” ¿Ayudará? Tres días después, la profesora devuelve las pruebas. Ella pone tu hoja boca abajo sobre tu escritorio. Estás temeroso de mirar la nota. Así que rezas nuevamente: “¡Por favor D’os, que sea una buena nota!” ¿Ayudará?

En el Talmud hay una importante enseñanza:

Una mujer está embarazada y próxima a dar a luz. Su marido quiere un hijo, así que reza: “¡Por favor D’os, que sea varón!”  Este es un rezo vacío.

Un hombre que vuelve a su pueblo, luego de un viaje, escucha la alarma de incendio. El reza: “¡Por favor D’os, que no sea mi casa!” Este es un rezo vacío. (Mishná Brajot 9:3)

 

La tradición Judía cree en el poder de la oración, pero sólo en la oración inteligente. Hay plegarias inteligentes y hay plegarias vacías. ¿Por qué son esas plegarias vacías?

El padre que reza por un varón, está pidiendo a D’os que cambie algo que ya estaba determinado. D’os no trabaja de esa forma. Ese es un rezo vacío.

La persona que reza para que la emergencia    afecte a la casa de otro y no a la suya, está pidiendo a D’os que cambie algo que ya estaba determinado., y más todavía, está pidiendo que algo malo le ocurra a otro. Ese es realmente un rezo vacío.

Hay una diferencia entre rezar y magia. Un mago pretende usar sus facultades para cambiar cosas en el mundo diciendo algunas palabras mágicas. Las palabras mágicas más famosas corresponden, en realidad, a un antiguo dicho Hebreo: Abra-Kadabra en Hebreo quiere decir “Lo haré como lo digo”.

Sabemos que la magia no existe. Los conejos no salen de los sombreros. Y la ayudanta no es, en verdad, cortada en dos y luego rejuntada. Es ficción.

Esperar que D’os cambie el mundo sólo porque tu lo quieres diferente, es también magia. Y, al igual que la magia, no es real. No sucede. D’os no trabaja de esa forma. Ese es un rezo vacío.

Así que si no estudiaste para la prueba, tendrás una mala nota. Pero este asunto del rezo vacío puede ser mucho más serio: Una mamá y un papá vinieron en cierta oportunidad a hablar conmigo. Estaban muy preocupados porque su hija había sido diagnosticada con una terrible enfermedad. Ellos rezaron y rezaron, pero la condición de su hija empeoraba. Ellos me preguntaron: “¿Porqué D’os no responde nuestras oraciones y la mejora?” Ellos imaginaban que D’os debía tener alguna razón para ignorar sus plegarias, y esa razón debía tener algo que ver con ellos. Imaginaban que debieron haber hecho algo mal y por eso D’os los castigaba. “¿Qué hicimos para merecer esto? ¿Porqué D’os está tan enojado con nosotros?”, me preguntaban entre lágrimas.

Me sentí muy mal por esas personas, que estaban realmente heridas. Primero, sufrían porque su niña estaba enferma. Segundo, sufrían más debido a que pensaban que D’os se rehusaba a escuchar sus plegarias por algo que habían hecho. Terminaron creyendo que ellos habían traído dolor a su hija, que es el peor dolor que un padre puede sentir. Tercero, sufrían aún más debido a que no podían imaginarse que cosa tan mala hicieron para merecer ese castigo y que podían hacer al respecto. A veces, sólo una idea puede lastimar seriamente.

El rezo verdadero, el que funciona, les expliqué, no cambia al mundo; nos camia a nosotros. No podemos pedir a D’os que cambie el mundo para nosotros. Tenemos que hacer eso nosotros mismos. Podemos, únicamente, pedir a D’os sabiduría, fuerza y coraje para hacerlo. Cuando estuve enfermo con cáncer, les dije, no recé para que el cáncer desapareciera. Sabía que ese era un rezo vacío. En lugar de ello recé pidiendo coraje para mantener la esperanza y no rendirme. Recé por fortaleza para soportar el tratamiento, aún pensar en él era terrible. Recé para que mi familia no se preocupara demasiado. Le pedí a D’os sabiduría para ayudarme a vivir bien el tiempo que me quedaba. Y D’os respondió mis oraciones.

Estaban, todavía, muy preocupados por su hija. Ella sentía dolor y ellos sentían dolor. Pero dejaron de creer que D’os los estaba castigando. Dejaron de imaginarse que habían hecho algo malo. Entonces nos tomamos de las manos y rezamos juntos. Le pedimos a D’os que nos diera la sabiduría para cuidar bien de su pequeña niña. Rezamos por fortaleza y coraje para pasar a través de ese terrible momento con esperanza y amor para cada uno. Rezamos para que ella supiera lo mucho que era amada. Y creo que D’os respondió, también, sus oraciones.

 

 

¿Tengo que ir a una sinagoga para rezar?

 

“Muy bien”, admitió Daniel, “así que rezar es bacán. Pero, tengo que ir a una sinagoga a rezar? ¿Porqué no puedo ir a un bosque o a la playa y conversar con D’os?”

 

Tu puedes ir a los bosques o a la playa y conversar con D’os. De hecho, algunos de los mejores momentos de oración que he tenido fueron en medio de la naturaleza, lejos de sinagogas y servicios. Puedes ir a cualquier parte a rezar.

La sinagoga nos proporciona una experiencia diferente al rezar. Es la experiencia de una comunidad compartiendo la oración en conjunto y viviendo en conjunto.

¿Alguna vez fuiste aun partido de béisbol o de fútbol. ¿Que diferencia hay entre mirar el partido en el estadio o verlo en TV, en la casa? A menos que uno tenga buenas localidades, probablemente se vea mejor en la TV que en el estadio. ¿Por qué entonces el estadio es siempre una mejor experiencia? Porque hay más que el desarrollo de un partido. Está el partido. Y está la multitud y los hinchas y barristas haciendo “la ola”, gritando por su equipo y gritándole a los adversarios. Está el maní y las palomitas, los gorros divertidos y tantas otras cosas. Es todo el espectáculo.

El servicio en la sinagoga es al rezo como la tarde en el estadio es al partido. Rezamos, pero rezamos juntos. Unimos nuestras voces en una canción. Compartimos nuestras vidas con los demás: momentos felices y celebraciones, como también momentos tristes, tragedias y las pérdidas que nos depara la vida. Aprendemos juntos, compartiendo nuestras ideas acerca de cómo debe vivirse la vida. Cuando la vida es buena , compartimos la alegría. Cuando la vida es difícil, nos ayudamos unos a otros a encontrar el coraje para no rendirnos, para no perder la esperanza.

En el bosque, siento la presencia de D’os en la paz de los árboles. En la playa, siento la presencia de D’os en el ritmo de las olas y la vastedad del océano. En la sinagoga, siento la presencia de D’os en el sonido de todos nosotros que nos hemos reunido para celebrar la vida juntos. En la sinagoga, siento que pertenezco, que mi vida le importa a toda esa gente. Soy afectado por la vida de otros y ellos por la mía.