Cartillas de judaísmo

Cartillas de judaísmo

9.-¿QUE ES LO QUE VES CUANDO ME MIRAS?

Una tarde entre a la sala de clases y encontré a todos los niños apiñados en una esquina, alrededor del escritorio de Brian.

      “¡Rabino, tiene que venir a ver esto!”, gritaron. Pensé que era bueno parecer como uno de ellos, de manera que me aproximé para ver que era tan fascinante.

“¿Rabino, puede creer esto?”

Parecía como que si Brian hubiese interceptado un ejemplar del catálogo de “Victoria’s Secret”, desde el buzón familiar y lo trajo al Colegio Hebreo.

“¡Guau! ¿No es ella atractiva o qué?”

“¡Eso es tan grosero!” Se quejaron las chicas desde el otro lado de la sala, “¿Cómo los deja hacer eso, Rabino?”

“¿Qué hay de malo en esto?” Desafió Josh, “¡Son sólo fotografías!” Entonces Josh se volvió hacia mí y pensativamente me preguntó: “¿Hay algo de malo en esto, Rabino?”

 

El asunto es, ¿Qué es lo que ves cuándo miras fotos como éstas? Estas mirando a un ser humano, pero ves sólo la superficie, los exteriores. No ves un ser humano; ves un objeto bonito. Muy pronto, estas fotos te inducen a mirar a la gente como objetos.

Desafortunadamente, es muy común entre los hombres mirar a una mujer y fijarse en su figura y en los rasgos de su cara, y nada más. Olvidan que hay una persona, un ser, dentro de ese cuerpo y tras esa cara. Olvidan que esa es una persona con sus propios talentos, intereses, sueños y metas- y no sólo un cuerpo bien formado y cara bonita. Y lo que es peor, es que esas niñas y mujeres empiezan a mirarse a si mismas de igual manera, evaluándose sólo por su aspecto. Comienzan a sentir que no son suficientemente delgadas, no suficientemente bonitas y, por lo tanto, no suficientemente buenas.

La Torá enseña que D’os creó al ser humano a la propia imagen de D’os, tzelem elohim. Esto no significa que D’os se parece a nosotros. Significa que nosotros poseemos ciertas cualidades de D’os- la capacidad de crear, de razonar, de preocuparnos. Esta es la forma más potente en que la Torá puede expresar lo valioso de cada ser humano y la forma más potente en que puede demandar que valoremos la singularidad de cada persona. El segundo de los Diez Mandamientos prohíbe la confección de imágenes de D’os. De manera que hay una sola forma de ver la imagen de D’os en el mundo: en el carácter de cada ser humano. Cuando ves un ser humano, lo que vas a ver es no sólo una cara o un cuerpo y no u objeto bonito, sino que un reflejo de D’os.

Esto también te incluye a ti. Sin enorgullecerse, es muy importante para cada uno de nosotros reconocer lo especiales e importantes que somos. Los Rabinos del Talmud preguntaron: si D’os quería llenar el mundo con gente, ¿por qué en Génesis D’os creó un solo ser humano? ¿Por qué no crear ciudades y civilizaciones enteras? Ellos contestaron: Para enseñar el valor infinito y absoluta singularidad de cada ser humano. ¿Cuan valioso?

 

El que destruye una sola vida, la Torá lo considera como si hubiese destruido el mundo entero. Y el que salva una vida, la Torá lo considera como si hubiese salvado al mundo entero…Este es un ejemplo de la grandiosidad de D’os. Crear seres  humanos acuñados como monedas, pero con un sello singular y, sin embargo, parecer todos iguales. Pero D’os acuña a todos los seres humanos con el sello del primer hombre y cada uno es único. Por lo tanto, cada  ser humano debe decir: “Por mi, es que fue creado el mundo” (Sanedrín 37a)

 

“Vamos, Rabino, despierte”, se quejó Jason. “¡Solo somos chicos divirtiéndose!”

 

 

Jóvenes adolescentes- e incluso mayores- encuentran excitantes fotos como esas. Es como fueron formados. Pero no porque el medio te haya formado de esa manera, significa que debes comportarte de esa manera. Tienes un ser superior- una conciencia, los valores que te han inculcado, tu sentido interno de lo que es correcto. Y por mucho que el medio te induzca a  desear algo, tienes el poder para escoger de otra manera.

El Talmud enseña: “¿Quién es fuerte? El que controla sus impulsos” (Pirké Avot 4:1) Esto fue escrito en la época en que los gladiadores Romanos peleaban en el circo y la legiones Romanas conquistaban el mundo. Pero el Talmud entendió que la mayor fortaleza es la fuerza para controlarse uno mismo, y la mayor conquista es el dominio de tus impulsos y deseos.

Fíjate, sin embargo, que no dice: “El que no tiene impulsos” Los Rabinos entendieron como estamos formados. Sabían que D’os nos creó de esa manera Hay religiones que enseñan que el cuerpo y sus deseos son la fuente del mal. El Judaísmo no: En la enseñanza Judía, el cuerpo es creación de D’os. Los impulsos del cuerpo y los deseos no son malos, pero tampoco son buenos. Depende de lo que hagas con ellos. Tenemos que aprender una forma que no destruya nuestros impulsos, sino que los canalice. Tenemos que aprender como hacer de ellos expresiones de lo mejor de nosotros.

Beber vino puede emborrachar a una persona. O, podemos convertir el vino en un símbolo de la familia reunida para celebrar el Shabat o una fiesta, y se vuelve kidush.

            Comer por el placer de comer, es lo que hacen los animales. O, podemos hacer de la comida un tiempo para compartir y cuidarnos, tornándola una comida santa.

Codiciar el dinero puede destruir la vida de una persona y de una familia. O, podemos usar el dinero para reparar el mundo, transformándolo en tzedaká.

El deseo sexual, como todos los otros impulsos, puede envenenar y destruir la vida de una persona. O, podemos convertirlo en un símbolo del amor, responsabilidad y compromiso que comparte una pareja.

Es todo cuestión de cómo te ves a ti mismo. Eres un cuerpo, pero no sólo un cuerpo. Portas contigo la imagen de D’os y tienes el poder de convertir tu vida en un reflejo de D’os en el mundo.