Cartillas de judaísmo

Cartillas de judaísmo

14.- ¿QUE NOS SUCEDE DESPUÉS QUE FALLECEMOS?

¿CREEN LOS JUDÍOS EN EL CIELO Y EN EL INFIERNO?

“Volvimos a visitar a la familia de mi tía…usted sabe, la que estaba enferma. Ella falleció la semana pasada y están todos tan tristes”, me contó Molly una tarde, después de clases. “Así que estuve preguntándome si usted podría aclararme: ¿Qué le sucede a las personas después que mueren? ¿Creen los Judíos en el cielo y en el infierno?”

Si consultas a muchos Americanos, encontrarás que la pregunta acerca de la vida después de muertos es la pregunta Nº 1 que la mayoría hace a su religión. Si vas a la biblioteca y revisas un libro sobre religiones en el mundo, encontrarás que este tema está en el lugar más alto entre las preguntas religiosas importantes. Es curioso, por lo tanto, que se preste tan poca atención a este asunto en la vida Judía. Si visitas una iglesia durante tres semanas seguidas, escucharás dos sermones acerca de cómo se gana la vida después de la muerte. Visita una sinagoga durante todo un año y, quizás, escucharás una mención del paraíso, cielo o vida después de la muerte. Aún la Biblia, no parece preocuparse por este tema. En toda la historia de Abraham, sólo cuatro versículos están dedicados a su muerte. Sólo cuatro versículos describen la muerte de Moisés. Y no hay nada acerca de entrar al paraíso o algo conectado con su vida después de muerto.

Vida después de la muerte no es tan importante para el Judaísmo como la vida antes de la muerte. La vida en “el mundo venidero” no es tan importante como la vida en este mundo.

Mucha gente usa su creencia en la vida después de la muerte como una vía de escape a la preocupación y responsabilidad por las condiciones de este mundo. Después de todo, se dicen a si mismos, si mi vida en este mundo es sólo temporal y si mi vida en el “mundo venidero” será tanto mejor, ¿por qué preocuparse? ¿Por qué molestarse con todos los problemas aquí y ahora? El Judaísmo se niega a dejarnos escapar de nuestra responsabilidad en este mundo. ¡Tu y yo somos socios de D’os y tenemos mucho que hacer! El filósofo Abraham Joshua Heschel una vez comentó: “Nosotros los Judíos creemos en otro mundo. Sólo que asumimos nuestros mundos, uno a la vez”.

Algunas religiones usan su creencia en la vida después de la muerte como una forma de asustar a las personas: “Cree como nosotros, ¡o de otro modo…!” Algunos grupos religiosos ofrecen muy detalladas descripciones de toda clase de cosas terribles que esperan a aquellos que rehúsan aceptar su forma de hacer religión. El Judaísmo cree en un D’os que creó a todos y los ama a todos. Si existe un paraíso, no tienes necesariamente que ser Judío para llegar a él. Tienes que ser una persona que ha aceptado la responsabilidad de ser socio de D’os. Nosotros creemos que la gente buena, de todas las religiones, tiene un lugar en el “mundo venidero”. Hemos hablado de Raúl Wallenberg y Sempo Sugihara. ¿No crees tú que D’os tiene un lugar especial en el paraíso para gente justa, como ellos?.

Nuestro pensamiento acerca de después de la vida comienza con una pregunta acerca de que significa ser humano: ¿Soy sólo un cuerpo? Si soy sólo un cuerpo, cuando mi cuerpo muere, yo muero. Me voy y nada sobrevive. Quizás hay una parte de nosotros que no es cuerpo, no material, de manera que cuando fallecemos, esta parte continúa viviendo. Hemos hablado acerca de tener un “ser”. Otros llaman a esta parte de nosotros “alma” o “espíritu”. La verdad es que, al igual que las palabras “D’os” y “ser”, las palabras “alma” y “espíritu” no tienen una definición simple. Si yo tengo un alma- o si soy un alma- ¿de qué está hecha el alma? ¿A dónde va cuándo una persona muere?.

La gente cree en el alma por intuición o por la sensación que hay algo más en nosotros que nuestro cuerpo físico. Sentimos que el cuerpo es un contenedor, un recipiente, de algo precioso. Cuando nacieron mis hijos, tuve este poderoso sentimiento de que había un mundo completo de personalidad dentro de ese débil envoltorio. Cuando murió mi abuelo, era difícil creer que toda su sabiduría, humor y experiencia estuviesen contenidas en ese tan frágil y delicado recipiente. El fue tan fuerte, pero su cuerpo tan débil. El fue tan grande, pero su cuerpo tan pequeño. El fue tan vital un momento y tan vacío el siguiente.