Cartillas de judaísmo

Cartillas de judaísmo

14.- ¿QUE NOS SUCEDE DESPUÉS QUE FALLECEMOS?

¿CREEN LOS JUDÍOS EN EL CIELO Y EN EL INFIERNO?

(Contunuación)

“Como muchas cuestiones de creencia, no hay sólo una, sino muchas opiniones Judías diferentes sobre esta materia, para elegir:

*Ha habido pensadores Judíos que creían que vivíamos nuestras vidas en este mundo y, cuando moríamos, moríamos. Seguíamos viviendo a través de nuestras familias, de la gente que nos recordaba y a través de todas las cosas que hicimos para producir un cambio en este mundo.
*Otros pensadores propusieron que los seres humanos tienen un alma al igual que un cuerpo. Cuando morimos, nuestra alma retorna a D’os, tal como las olas vuelven al océano.

*Algunos pensadores creyeron que, después de la muerte, el alma es juzgada, recompensándola por todo lo bueno que hizo en este mundo y castigándola por el mal que hizo. Algunos han descrito, en términos muy detallados y coloridos, como serían el paraíso y el infierno.
*Hay pensadores Judíos que creen que las almas renacen en nuevos cuerpos y comienzan a vivir otra vez. Otros creen que las almas son almacenadas con D’os hasta que llegue ese día especial en que todos renaceremos -resucitaremos- para vivir de nuevo, quizás para vivir eternamente en un mundo sin muerte.

Todas éstas son creencias Judías, planteadas por grandes pensadores Judíos en diferentes épocas de la historia Judía. Lo que tienen en común es la creencia en un D’os que nos ama, que nos creó y que cuidará de nosotros cuando fallezcamos.

Las creencias en el paraíso e infierno -una vida después de ésta- se originan en nuestra tristeza e ira por todas las injusticias del mundo. ¿Cómo podemos darle sentido a la contradicción entre la bondad de las personas y las cosas terribles que les suceden en ésta vida? ¿Es posible que 6 millones de Judíos fueran asesinados durante el Holocausto -sus vidas robadas- y que no haya castigo para aquellos que los mataron? ¿Es posible que esas inocentes víctimas Judías y los criminales que trajeron tanto dolor y destrucción estén en el mismo lugar?

Este es un problema muy antiguo. El Talmud cuenta una triste historia:

A un niño su padre le ordenó que subiera a un árbol alto y recogiera unos pequeños pichones de un nido. El niño obedece a su padre, cumpliendo un precepto de la Torá : “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12) y trepó hasta la copa. Antes de coger a los pichones el niño ahuyenta a la madre. Al hacer eso, él cumple otro precepto de la Torá : “No tomarás a la madre junto con sus crías, sino que alejarás a la madre y tomarás sólo a las crías” (Deuteronomio 22:6-7). Al descender por la escalera, el niño se cae y fallece. Los Rabinos que presenciaron esta situación quedaron desolados. La muerte de cualquier joven es terrible. Pero aquí, el niño estaba en el proceso mismo de cumplir con dos preceptos de la Torá. Y más aún, en este caso se trata de dos preceptos especiales, en que la Torá promete recompensar con una larga y buena vida a quien los cumpla. Los Rabinos concluyen en que la única forma de darle sentido a las injusticias de la vida -resolver la contradicción entre las promesas de la Torá y los acontecimientos del mundo- es reconocer la existencia de otro mundo, un mundo de verdadera justicia, el olam haba, el mundo venidero (Kidushin 39a).

La pregunta verdadera no es acerca de lo que pasa después que morimos. Después de todo, nadie vivo lo sabe. Confiamos en que el mismo D’os que nos ama y que nos dio la vida, cuidará de nosotros cuando fallezcamos. La pregunta real es: ¿Qué hacemos hasta entonces? ¿Cómo viviremos? Y si estamos preocupados acerca de la muerte, podemos preguntar: ¿Qué puede enseñarnos la muerte acerca de vivir? Algo que aprendí es recordar que, aunque queramos vivir mucho, mucho tiempo; nadie tiene una cantidad infinita de mañanas. Si necesitamos decirle a alguien: “gracias”, “te amo” o “lo siento”, tenemos que decirlo hoy día. Si hay alguien cuya amistad deseamos, hagámonos amigos hoy día. Si tenemos sueños que perseguir, proyectos que realizar, objetivos que alcanzar; tenemos que empezar hoy día. El Libro de Los Salmos contiene una poderosa plegaria: “Enséñanos a contar (y aprovechar) nuestros (pocos) días, y lograremos un corazón sabio” (Salmos 90:12). Conocer acerca de la muerte puede ayudarnos a apreciar el don de la vida y a vivir plenamente cada día.