Etz Jaim

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HISTORIA JUDÍA
Esta sección está construída fundamentalmente sobre la obra de Simon Dubnow “Manual de la Historia Judía”. Cuando se incorporen textos de otros autores se indicará debidamente.
ANTIGÜEDAD (Siglo XX A.E.C. a Siglo VII E.C.)

 

CAPÍTULO IV.- LA CONQUISTA DE CANAÁN

(Unos trece siglos antes de la era común)

 El país y sus habitantes[1].- El territorio que debían conquistar los hebreos después de la muerte de Moisés llevaba diversos nombres. Los judíos lo llamaron primeramente Canaán, y posteriormente Eretz Israel (Tierra de Israel). Más tarde los griegos y romanos lo denominaron Palestina y los pueblos cristianos le aplicaron el nombre de Tierra Santa. Este territorio estaba situado en el extremo occidental de Asia, en el camino entre los grandes reinos de Asiria y Babilonia en el Asia, y el Egipto en Africa del Norte. El aspecto del país es el de una larga franja que linda en el oeste con el Mediterráneo; al este y sur con el desierto arábigo y al norte con Siria o Aramea. En la frontera septentrional de Canaán, se yerguen, una frente a la otra, dos grandes cadenas de montañas, el Líbano y el Hermón, cuyas cumbres están cubiertas por la nieve eterna. Las aguas que descienden de esos altos montes se congregan en arroyos y forman el río principal de Canaán: el Jordán. Este atraviesa cual cinta recta de norte a sur, cruza dos lagos, el Meron y el Cinereth, y desemboca al sur en el Mar Salado o Muerto. El Jordán divide al territorio en dos partes: la oriental (Transjordania, Galaad) y la occidental (Canaán propiamente dicho). La primera zona era famosa en un tiempo por sus campos de pastoreo, y la segunda por su tierra fértil, que producía cereales, uvas, frutas y aceitunas. A ambas orillas del Jordán, de norte a sur se extienden ramificaciones de las cordilleras del Líbano y del Hermón. Estas ramificaciones forman en el este los montes de Galaad y en el oeste numerosas cuchillas conocidas en la Biblia con los nombres de Montes de Neftalí, de Efraín y de Judá. A los de Neftalí se unen los famosos montes de Tabor y  Carmelo, que encierran el espléndido valle de Jezreel. A éste se unen, al sur, los Montes de Efraí, de los que es particularmente conocido el Gerizim, en las inmediaciones de la ciudad de Sijem. Hacia la costa del mar esta cuchilla desciende más y más, hasta llegar al valle de Sarón. Más al sur, entre Jerusalén y Hebrón, corren las colinas de Judea, con sus cumbres más elevadas: Sión y el monte de los Olivos.

            La naturaleza y el clima de Canaán son muy variables. Desde las altas cumbres soplan frescas brisas. La atmósfera es pura y transparente la mayor parte del año, pero en el llano reina  en los meses de verano un calor tropical. Debido a eso es variada también su vegetación: encuéntrase allí la palmera, que crece sólo en los climas tórridos, y el roble, que no soporta el calor. El agua del Mar Cinereth es dulce y rico en peces; en la costa de éste mar crece la vid, la higuera y otros frutales. El agua del Mar Muerto está saturada de sal y otros minerales, no pudiendo vivir en ella los peces. Las riberas de este mar forman un desierto salvaje, raramente interrumpido por algunos fértiles oasis. Los ríos y lagos poco profundos se secan en los meses cálidos, pero en la época lluviosa se llenan de agua, salen de cauce y fertilizan el suelo. No existen muchos territorios sobre el globo que reunan tantas bellezas naturales, tanta variedad de climas y de vegetación, como Canaán o Palestina. Todas estas cualidades han debido ejercer su influencia sobre el carácter y la vida espiritual de los  hebreos. El clima, un término medio entre templado y caluroso, suscitó en los habitantes la inclinación por el trabajo físico, y la naturaleza con sus bellezas ofreció un rico alimento a su sentimiento religioso y poético. Ella no ha formado habitantes débiles y negligentes, como en otros países del Oriente, pero tampoco los ha hecho groseros mediante un trabajo físico excesivo.

            En la época pretérita en que los israelitas emprendieron la conquista de Canaán, vivían en sus fronteras numerosos pueblos pequeños, pero poderosos. Los belicosos heteos moraban en la frontera noroeste, entre el Líbano y el Mediterráneo; más tarde su territorio pasó a poder de los fenicios, pueblo de mercaderes. En el lado noreste vivían los arameos, emparentados con los hebreos por su raza y su idioma. Análogas tribus emparentadas vivían asimismo en el este y en el sur: los amonitas, los moabitas y los edomitas. El extremo suroeste de Canaán fue invadido por los salvajes amalecitas, y más arriba, en la costa del mar, se establecieron los belicosos filisteos, que se convirtieron más adelante  en los peores enemigos de los israelitas.

            El interior de Canaán, en la parte occidental del Jordán, se componía de numerosos Estados, habitados por distintas tribus, conocidas bajo el nombre general de cananeos. Cada Estado estaba formado comúnmente por una sola ciudad con sus llanuras y campos de pastoreo cercanos. No existía unión permanente entre dichos Estados para defender al país de una agresión enemiga; por el contrario, los reyezuelos pugnaban casi siempre entre sí. Por eso, cuando se esparció la noticia de que el nutrido pueblo hebreo se avecinaba a través del desierto, después de haber vencido a los poderosos Estados de Sijón y Og, los habitantes de Canaán resintieron fuertemente atemorizados. No estaban preparados contra un enemigo tan poderoso y después delegas y sangrientas batallas tuvieron que ceder gran parte de sus tierras a las fuerzas aliadas de los israelitas, quienes consideraban ese territorio como heredad de sus antepasados.

El paso del Jordán. La caída de Jericó.-
Después de la muerte de Moisés, el nuevo jefe del pueblo hebreo, Josué ben Nun, se encaminó hacia el Jordán al frente de todas las tribus israelitas. Antes de cruzar el Jordán, envió emisarios al otro lado del río `para reconocer la ciudad de Jericó y sus alrededores. Aquellos, a su regreso, informaron a Josué que los moradores de Jericó habían tenido ya noticia de los triunfos logrados por los hebreos y que se hallaban dominados por el miedo. Entonces Josué y el pueblo cruzaros el Jordán en un lugar poco hondo. Delante iban los sacerdotes llevando el Arca del Pacto y tras de ellos seguían los hebreos. El pueblo acampó en la orilla occidental del Jordán, en la ciudad de Gilgal, cerca de Jericó. Era en primavera, en el mismo mes de Nisán en que los judíos habían salido antaño de Egipto. El pueblo celebró la Pascua en Gilgal.

            De allí el ejército hebreo marcó sobre Jericó. La ciudad se hallaba bien guarnecida y fue difícil tomarla por asalto. Durante seis días los guerreros israelitas daban vueltas en torno de la ciudad, en tanto que los sacerdotes, conduciendo el Arca Santa, tocaban las bocinas. Al séptimo día, mientras los israelitas marchaban alrededor de la ciudad y los cuernos resonaban y el gritote triunfo de los guerreros llenaba la atmósfera, se derrumbó parte de la fortaleza de Jericó y el ejército judío penetró en la ciudad. Los vencedores mataron a todos los moradores de Jericó, quemaron sus casas y destruyeron sus bienes. Sólo dejaron, con destino al Tabernáculo, el oro, la plata y los objetos e metal.

            Informados los habitantes de Gabaón y demás ciudades de los contornos de que los israelitas se aprestaban para exterminar a los moradores de Canaán, decidieron valerse de una treta. Se presentaron en el campamento judío vestidos de harapos y dijeron: “Venimos de tierra muy lejana; haced pues ahora con nosotros alianza”. Josué y los ancianos creyeron que efectivamente no eran de Canaán y juraron dejarlos con vida. Mas al poco tiempo resultó que esa gente vivía en las ciudades cercanas y que pertenecía a la tribu de los heveos. Los hebreos conquistaron las ciudades, mas no tocaron a sus moradores, por no quebrantar su juramento. Pero como castigo, Josué convirtió a los gabaonitas en esclavos y los obligó a ser leñadores y aguadores de los israelitas.

Conquista del sur y del norte de Canaán.-
Cinco reyes del norte de Canaán (los de Jerusalén, Hebrón, Jerimoth, Lajis y Eglón), al saber que Gabaón se había sometido voluntariamente a los hebreos, celebraron entre sí un pacto y salieron a pelear contra los gabaonitas. Estos pidieron ayuda a Josué, que se encontraba a la sazón en su campamento de Gilgal. El guerrero hebreo condujo rápidamente a su ejército contra los reyes aliados y los atacó cerca de Gabaón, por sorpresa, derrotándolos y persiguiéndolos largo trecho. Refiere la leyenda que Josué, deseoso de poner término a la batalla antes de que llegara la noche, exclamó: “Sol, detente en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró hasta tanto que la gente se hubo vengado de sus enemigos”. Al dispersarse los cananeos por entre las montañas, cayó un granizo y mató a los que se habían salvadote la espada. Los reyes fueron tomados prisioneros, siendo ahorcados por orden de Josué. Sus tierras, situadas en la parte montañosa del sur de Canaán, pasaron a popder de los israelitas.

            La noticia de estas victorias llegó prestamente hasta os reyes del norte de Canaán, de los cuales el más poderoso era Jabín , rey de Azor. Con el fin de proteger a su país contra el terrible enemigo, celebró Jabín una alianza con los reyes vecinos. Los aliados reunieron un ejército formidable, muchos caballos y carros de guerra, y establecieron su campamento a orillas del río Merom. Pero las nutridas huestes no amedrentaron al valiente guerrero hebreo. Salió Josué con un ejército escogido contra el enemigo, al que infligió una derrota completa, persiguiéndolo hasta la costa del mar; los israelitas cortaron las venas de los caballos, quemaron los carros de guerra, destrozaron la capital de Jabín, Hasor, matando a los habitantes de las demás ciudades y adueñándose de un enorme botín. De esta manera, los hebreos vencieron, tras largos años de lucha, a la mayor parte de Canaán, desde el monte Líbano en el norte hasta el Mar Muerto en el sur.

Repartición de Canaán.-
Una vez conquistada gran parte del territorio llegó el momento de repartirlo entre las tribus hebreas. Las de Rubén, Gad y la mitad de Manasés habían recibido ya sus partes  en la época de Moisés, al este del Jordán, en Basan y Galaad, ricas en valles de pastoreo. Quedaba por lo tanto todo el oeste de Canaán para ser distribuido entre las nueve y media tribus restantes. Las porciones mayores correspondieron a las dos tribus más fuertes, Efraín y Judá. La de Efraín, de la que provenía Josué, ocupó la franja central de Canaán, entre el  Jordán y el Mediterráneo, con la capital Sijem en el centro. Al noroeste de la tribu de Efraín, hasta la falda del Carmelo, se estableció  la segunda mitad de la tribu de Manasés. Las posesiones de la tribu de Judá se extendían en la parte meridional del país, a partir de Jerusalén. (Jerusalén y el monte Sión quedaron en poder de los hebuseos, tribu cananea, hasta los días del rey David). Dentro del territorio de Judá se destinó una fracción a la pequeña tribu desimpón, zona pedregosa al suroeste de Canaán, en el límite del desierto.

            Entre las tierras de Judá y de Efraín se radicaron las tribus de Benjamín y Dan. La primera ocupaba la región conquistada por los hebreos apenas cruzaron el Jordán,con las ciudades de Galilea y Jericó. La tribu de Dan se estableció al oeste de la de Benjamín, cerca de la costa filistea del Mediterráneo, donde se halla el puerto de Jaffa. La parte septentrional del territorio de Canaán fue ocupada por cuatro tribus. La de Isajar, que se dedicaba a la agricultura, recibió el fértil valle de Jezreel con los montes Gilboa y Tabor. La de Zabulón vivía cerca de las costas de Fenicia, y tomó de los fenicios su amor al comercio. Más al norte, a lo largo de la costa fenicia, se extendían las heredades de la tribu de Aser. La de Neptalí ocupó el extremo noreste de Canaán, la región de los lagos Merom y Cinereth. Sólo la tribu de Leví, compuesta por sacerdotes y sabios, no recibió tierras. A los levitas se les hizo entrega de cuarenta y ocho ciudades diseminadas por las posesiones de las diversas tribus. Siendo los servidores de D’s y los jefes espirituales, los levitas debían residir en todo el país, esparcidos entre el pueblo entero.

            Una vez distribuido el territorio de Canaán, Josué se estableció en la heredad de su tribu, la de Efraín. Esta tribu, que era la más numerosa, adquirió el predominio sobre las restantes. Dentro del territorio de Efraín se conservaba el santuario supremo del pueblo, el Tabernáculo con el Arca Sagrada, que había acompañado a los hebreos en todas sus guerras. Después de la conquista y distribución de Canaán, el Tabernáculo fue trasladado a la ciudad de Silo, situada en tierra de Efraín. Allí  quedó largo tiempo, junto con un altar para los holocaustos y allí celebraban sus oficios los sacerdotes y levitas, acudiendo a ese lugar los feligreses de todos los rincones de Canaán. Silo era el lugar de residencia permanente del Gran Sacerdote.

            Llegado a la senectud, convocó Josué en Sijem a todos los sacerdotes y ancianos de las tribus y les recordó los grandes sucesos del pasado: los patriarcas, la esclavitud en Egipto, el éxodo e este país y las andanzas por el desierto, y los exhortó a seguir siendo fieles a D’s.A este testamento contestó el pueblo: “A Adonai nuestro Dios serviremos y a su voz obedeceremos”. Entonces tomó Josué una gran piedra y la colocó debajo de un alcornoque en Sijem, como recuerdo de que en aquel lugar había jurado el pueblo cumplir los preceptos de D’s. Poco después murió Josué, a la edad de ciento diez años. 

 

[1] Debe tenerse presente que el libro que se transcribe fue escrito y publicado(en su forma original)  hacia fines del primer cuarto del siglo XX.