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¿POR QUÉ PERMITE D’OS QUE COSAS TERRIBLES SUCEDAN?
Una tarde, durante el
recreo, todos salieron para tomar algo de aire fresco, una
merienda o jugar una rápida “pichanga” de fútbol; todos
excepto Molly. Ella simplemente se quedó sentada en su
lugar, mirando soñadoramente por la ventana.
"¿Molly, estás
bien?". Le pregunté
"Simplemente
estoy deprimida ", respondió ella.
"¿Sucede algo?
¿Hay algo que yo pueda hacer para ayudar?"
“Mi tía tiene cáncer. Ella,
probablemente, va a morir. Mi mamá ha estado llorando toda
la semana. Y yo no sé qué hacer o decir para hacerla
sentirse mejor." Y Molly comenzó a llorar.
"¿Rabino, a veces la vida
puede ser tan dura. Por qué D’os deja que sucedan cosas
malas?"
Un lunes por la mañana, en
Enero de 1994, un potente sismo golpeó las áreas norteñas de
Los Angeles, donde nosotros vivíamos. Nuestro hogar se
destruyó. Se sintió como si la casa entera hubiese saltado
de golpe. Todas las ventanas se rompieron. Todas las
paredes se desmoronaron. Todos nuestros muebles se cayeron
y la mayoría de nuestras pertenencias se destrozaron. Por
algún milagro, nadie resultó herido.
Algunos días después, la
compañía de seguros envió un inspector a mirar los daños.
El se pasó horas revisando las ruinas de mi casa y luego se
sentó para hablar con nosotros de nuestras cosas.
En el curso de la conversación, me preguntó como me ganaba
la vida. Yo le informé que era rabino. El sacudió su
cabeza, "¡Para ser rabino, su casa recibió una buena
tunda! Yo pensaba que D’os se suponía cuidaba a gente como
usted!"
“D’os sí cuidó de
nosotros", Le contesté," El lo envió a usted!"
Hay gente que cree
que todo lo que les sucede es por decisión Divina. Ellos
creen que todo sucede por alguna razón, aunque sólo D’os
conozca la razón. Si algo bueno sucede, ellos le agradecen
D’os. Si algo malo sucede, ellos se sienten mejor
pensando que no fue accidental. D’os les trajo esto a
ellos; por lo tanto, debe ser para mejor. Cuando suceden
cosas malas, ellos concluyen que D’os los está castigando.
Todo lo que necesitan hacer, es deducir qué hicieron mal.
Pero si sucede algo realmente
terrible, ellos llegan a enojarse e increpar a D’os o,
incluso, abandonar a D’os. Después de todo, razonan , si
D’os supuestamente los cuida, ¿como puede suceder esto? ¿
Qué pudieron haber hecho para merecer esto? Como la
familia de la que hablamos, esta pobre gente sufre tres
veces más: Ellos sufren por las cosas malas que les
suceden. Y sufren doblemente porque piensan que hicieron
algo para merecerlo; piensan que están siendo castigados.
Y sufren triple porque la mayoría del tiempo, no pueden
imaginarse que hicieron para merecerlo. Ellos sienten
culpa, se sienten heridos y piensan que D’os los ha
abandonado.
Yo no estoy de acuerdo con
pensar de esta manera sobre D’os. No creo que D’os decida
todo lo que nos sucede. No creo que Dios nos castigue con
terremotos y enfermedades y accidentes. No creo, que por
ejemplo, que D’os haya enviado el sismo a destruir
mi casa, o que envíe enfermedades que destruyen las vidas de
nuestros seres queridos.
En el Talmud hay una discusión
sobre esta materia:
Suponga que un hombre robó un
saco de semillas y las plantó en un jardín. ¿Qué
debería suceder? ¡Sería correcto que las semillas no
germinaran! Pero la naturaleza sigue sus reglas propias, y
las semillas crecen. Suponga que un hombre tiene
relaciones con la esposa del vecino. Lo correcto
sería que ella no se embarace. Pero la naturaleza sigue sus
reglas propias, y ella queda embarazada. (Avodá Zara 54b)
La naturaleza sigue
sus reglas propias, y D’os no las detiene. D’os no rompe
las leyes de la naturaleza.
Según reglas de naturaleza, las
placas de la tierra se mueven y eso ocasiona los
terremotos. No fue decisión de D’os lo que hizo
estremecerse la tierra y destrozar todas las casas de mi
cuadra. D’os no rompió las reglas de la naturaleza solo
porque un rabino vivía en esa manzana. Mi casa se
destrozó igual que el resto.
Entonces, ¿donde
estaba D’os?
Algunas cosas
asombrosas sucedieron en los días siguientes al sismo.
Inmediatamente después de haber parado el temblor, sentí un
fuerte toque en mi puerta. Eran mis vecinos, asegurándose
que todos estábamos bien. Ellos estaban temerosos de que
pudiéramos estar heridos o atrapados y trajeron
herramientas, linternas y botiquín de primeros auxilios.
Las réplicas
continuaron por tres días, nosotros permanecimos en la rota
caparazón de nuestra casa empacando nuestras cosas y
preparándonos para mudarnos. Durante ese tiempo no hubo
agua, ni gas, ni electricidad. Tuvimos que comprar agua
embotellada, pero donde se podía conseguir el precio era el
doble o triple de lo normal. Una tarde, un gran camión
amarillo entró en nuestro barrio. Un señor y su hijo estaban
vendiendo agua, a un precio incluso inferior al regular.
Cuando le pregunté por qué, explicó que vivía en otra ciudad
y que el sismo no lo afectó. Apreció el terrible daño en las
noticias de la TV y quiso ayudar, así que junto con su hijo
arrendó el camión, compró toda el agua embotellada que pudo
y la trajo. Estaba contento de poder ayudar. Estaba contento
de poder mostrarle a su hijo como ayudar. ¿Dónde estaba D’os
durante el terremoto? Quizá D’os estaba en las fuertes manos
de mis vecinos o en la bondadosa generosidad del hombre del
camión amarillo.
D’os no fue la causa
de la tragedia. La tragedia sucedió porque vivimos en la
naturaleza y la naturaleza incluye sismos y enfermedades.
Tu puedes encontrar a D’os en el coraje para superar
adversidades y en la determinación de compartir bondad y
ayudar a sobrellevar la tragedia.
¿COMO PUEDE ALGUIEN CREER EN
D’OS DESPUÉS DEL HOLOCAUSTO?
El recreo terminó y todos
entraron y se unieron a nuestra conversación.
“Hemos estado leyendo El
Diario de Ana Frank en mi clase de Inglés” Contó Jennifer.
“He estado pensando en lo injusto que ella haya muerto en el
campo de concentración y no haya podido crecer”
“Mi abuela estuvo en el
Holocausto”, informó Daniel. “Ella tiene esos números en su
brazo. Pero nunca habla sobre eso”
“Rabino”, preguntó Molly,
“¿Qué hay sobre el Holocausto? ¿Cómo puede alguien creer en
D’os después del Holocausto?
El Holocausto es la peor
tragedia en toda la historia de la humanidad. La maldad del
Holocausto es tan terrible, que no hay palabras para
describirla. Decir: “Seis millones de Judíos fueron
asesinados” o “Once millones de gente inocente murió” no
puede siquiera aproximarse a lo terrible que fue eso. Si
cada vida humana es preciosa e irremplazable, ¿como puede
uno siquiera imaginarse seis u once millones?
¿Como podemos
encontrar a D’os después de una tragedia tan enorme como el
Holocausto? Esta puede ser la pregunta más difícil para una
persona religiosa en la actualidad.
Alguien que cree que
D’os decide lo que le pasa a cada ser humano, no puede
responder esta pregunta. ¿Como puede haber una razón para la
destrucción de 6 millones de Judíos, incluyendo un millón de
niños? No es raro que mucha gente haya cesado de creer en
D’os después del Holocausto.
Recuerda la
enseñanza del Talmud. D’os no impide a la naturaleza seguir
sus propias reglas. Los seres humanos tienen una naturaleza.
La parte más importante de la naturaleza humana es nuestra
capacidad de tomar decisiones. Podemos elegir ser buenos o
malvados. Hacer el bien o el mal. Elegimos amar u odiar,
construir o destruir. Y así como D’os no interfiere cuando
la naturaleza sigue sus leyes propias, tampoco detiene a los
seres humanos cuando realizan sus elecciones. Aún cuando
escojan el peor de los males.
Seres humanos
escogieron construir los campos de concentración y las
cámaras de gases y asesinar a millones. Eso fue una elección
humana, no una decisión de D’os.
Pero D’os no estuvo
totalmente ausente del Holocausto. D’os no salió. Al igual
que en el terremoto, D’os estuvo presente donde quiera seres
humanos encontraron la capacidad de resistir el mal, de
superar el dolor, de compartir bondad y cuidado y
sobreponerse a la tragedia.
Seguramente oyó
hablar de Hitler. Incluso conoce los nombres de Himmler,
Goering y Goebbels. Esos fueron los líderes Nazis. Pero, ¿ha
escuhado de Joop Westerweel, Sempo Sugihara y Raul
Wallenberg? ¿Sabe quienes fueron?
Los Nazis enrolaron
a miles de personas que los ayudaran a asesinar a los Judíos
de Europa. Millones de otras lo vieron, lo ignoraron y
dejaron que sucediera. (Después de la guerra dijeron: “No
sabíamos lo que estaba pasando”) Pero hubo otros, muy pocos,
que resistieron. No eran Judíos, pero arriesgaron sus vidas
para salvar a Judíos de los Nazis.
Joop Westerweel fue
un profesor Holandés que organizó un “ferrocarril
clandestino”, llevando pequeños grupos de Judíos, en
bicicleta, fuera de Holanda, a través de toda Francia, hasta
España, un país neutral donde los Judíos estaban a salvo.
Salvó a docenas de Judíos. En 1944 fue capturado por los
Nazis, que lo mataron por haber salvado vidas Judías.
Sempo Sugihara era
embajador Japonés en Lituania. Cuando los Nazis invadieron
ese país, los Judíos quedaron atrapados. Los Nazis estaban
en un lado, ansiosos de asesinarlos. En el otro lado estaban
los Rusos, que no los dejaban entrar. Rusia abría su
frontera y dejaba entrar a los Judíos sólo si tenían visas
especiales- como pasaportes-que demostraran que iban de paso
hacia otro lugar. Pero ningún país les otorgaba esas visas.
Finalmente, en su desesperación , los Judíos fueron donde
Sigihara y le rogaron por ayuda. Los superiores de Sugihara,
en Tokio, le ordenaron no ayudar a los Judíos, pero el
ignoró esa orden. El vio el miedo en los ojos de esos Judíos
y supo que tenía que ayudarlos. Sugihara comenzó a extender
visas para Judíos. Con la ayuda de su esposa e hijo,
Sugihara escribió 3.500 visas en una noche, salvando más de
10.000 vidas Judías.
Raul Wallenberg era
un diplomático de Suecia asignado a la embajada Sueca en
Budapest, Hungría. A él lo afectó mucho lo que los Nazis
hacían a los Judíos. Estableció una zona especial en
Budapest, bajo la dirección de la Cruz Roja. Donde los
Judíos estaban a salvo de los Nazis. Wallenberg trabajó
incansablemente trayendo Judíos a la seguridad, a veces aún
sacándolos de los trenes que los debían llevar a los campos
de concentración. Hacia el fin de la guerra, Wallenberg
había salvado 30.000 Judíos. Al terminar la guerra,
desapareció. Se cree que fue arrestado por los Soviéticos ,
muriendo en una prisión Soviética.
Westerweel, Sugihara
y Wallenberg no eran Judíos. Pero arriesgaron sus
vidas-algunos incluso las dieron-para salvar Judíos de los
Nazis. Y no estuvieron solos. En todos los países donde los
Nazis trataron de matar Judíos, hubo personas que
arriesgaron sus propias vidas para salvar vidas Judías.
Ellos fueron gente común-agricultores, pescadores,
sacerdotes Católicos y ministros Protestantes, profesores y
funcionarios públicos-que hicieron lo correcto. Comparados
con los miles que ayudaron a los Nazis o los millones que
observaron y no hicieron nada, estos héroes fueron muy pocos
en número, quizá pocos miles. Pero gracias a ellos podemos
creer que D’os estuvo, aún en los lugares y en los momentos
más terribles.
Cosas malas nos
suceden porque la naturaleza nos trata a todos por igual. La
tierra se sacude y todas nuestras casas se destruyen.
Nuestros cuerpos fallan y nos enfermamos. Nos suceden cosas
malas porque los seres humanos escogen hacer el mal. A veces
naciones enteras escogen la maldad y un Holocausto destruye
millones de vidas inocentes. Cosas malas suceden, pero D’os
no hace que sucedan. D’os no nos castiga de esa forma.
Esto no significa
que D’os esté ausente. Aún en la peor de las circunstancias,
D’os está presente en nuestra capacidad de sobreponernos y
sobrevivir, en nuestra capacidad de compartir cuidado y
ayuda. D’os está presente en nuestra capacidad de
transformar el mundo-llevando bondad donde hay odio,
llevando alivio donde hay dolor, llevando esperanza donde
hay desesperación. Cuando presenciamos tragedia y dolor, la
pregunta verdadera no es ¿Dónde está D’os? La pregunta
verdadera es ¿Dónde estás tú? ¿Cual es tu respuesta o
responsabilidad si hay gente que sufre y el mundo es
desagradable?
Hay un viejo cuento:
Un hombre que va al cielo al
final de su vida, se para frente al trono de D’os. Eleva su
mirada a D’os y dice: “¡Tú sabes, estoy muy enojado contigo!
¿No ves que el mundo que tú creaste está lleno de
sufrimiento, fealdad y destrucción? ¿Porqué no haces algo
para arreglar el desorden del mundo?”
D’os mira al hombre hacia abajo
y en voz suave le dice: “Yo hice algo. Te envié a ti.”