8.-¿SIN CHEESEBURGERS? ¿SIN IR AL MALL LOS SABADOS? ¿PORQUÉ
LA RELIGIÓN NECESITA TANTAS REGLAS?
Michael llegó con una bolsa de
comida “rápida”.
“Michael, lo siento”, le dije, “pero
no puedes comer eso aquí. Son las reglas”
“¿Qué tipo de reglas absurdas?”
Estaba frustrado. Pero planteó la pregunta: “¿Para que
necesita la religión tener tantas reglas? ¿Qué tiene D’os
contra las cheeseburgers?”
Una vez, hace tiempo, entré a un
gimnasio. Junto con mi nueva membresía, venía una sesión con
un entrenador. Su nombre era Bobby. Bobby tenía músculos
sobre músculos. Parecía que se hubiese pasado toda la vida
en el gimnasio. Bobby me habló acerca de todas las cosas
buenas que me proveería el ejercicio. El me llevó para un
ensayo y me mostró como usar todas las máquinas del
gimnasio. Me enseñó el programa que desarrollaríamos en
conjunto para ponerme en forma. Entonces me preguntó algo
muy simple: “¿Cuán seguido podrás venir?”
Continuó: “¿Puedes hacerlo
cinco días a la semana?”
“Estoy muy ocupado”, dije.
“Esto será difícil”
“OK”, dijo. “¿Cuatro días a
la semana?”
“No sé”, le respondí.
“¿Tres días a la semana?”.
Me miró preocupado.
“No estoy seguro; mi agenda
está muy apretada”
“¿Dos días? ¿Una vez a la
semana?” Yo sacudí la cabeza.
“Bueno”, concluyó Bobby,
“no estás listo para hacerlo en serio, ¿no es cierto? “Y si
no lo tomas en serio”, me advirtió, “no vas a poder hacerlo
bien. No basta con querer tener un nuevo cuerpo; tienes que
hacer algo cada día para lograrlo. Vuelve cuando estés listo
para hacerlo en serio”
Bobby tenía razón. Si
realmente yo quería resultados, necesitaba tomarlo en serio,
lo que significaba invertir algo de tiempo en el gimnasio. Y
eso significaría realizar algunos cambios reales en mi forma
de vivir.
Quizá Bobby era profeta. El
me hizo las preguntas que la Torá podría hacernos:
“¿Estás listo para ser serio?” Dijiste que querías ser una
mejor persona. Dijiste que querías hacer del mundo un lugar
mejor. Hacer estas cosas requiere que nosotros cambiemos
nuestro modo de vida. Es un trabajo difícil. Significa hacer
algo todos los días. Pero funciona sólo si lo hacemos en
serio.
Comencemos con las
cheeseburgers.
Si lees los primeros
capítulos de la Biblia, descubrirás que los seres humanos se
supone que sean vegetarianos (Génesis 1:29 y 2:15). En el
Jardín del Edén, comíamos sólo frutas y vegetales. Vivíamos
en paz con la naturaleza. Los animales no nos temían y en el
mundo estaban ausentes los conflictos y la violencia. Era el
sueño de D’os. Pero los seres humanos tenían otras ideas.
Queríamos comer carne.
Recordemos algo: Comer
carne implica matar algo. Tendemos a olvidarnos de esto
porque nuestra comida viene hermosamente empaquetada del
mercado o servida en un buñuelo con pickles y ketchup en los
McDonalds. Pero antes de llegar al mercado o al restaurante,
esa hamburguesa era una criatura viva; una criatura que
respiraba, que alguien tenía que matar. Hay violencia
incorporada en el hecho de comer carne.
Un antiguo Rabino sugirió
que cualquiera que deseara comer carne debería, el mismo,
matar al animal. Piensa en eso. Si realmente quieres una
hamburguesa, te traerían el animal y un cuchillo afilado, y
tendrías que mirar al animal a los ojos y matarlo tú mismo.
¿Suena brutal? Ese era el objetivo del Rabino. Si es
desagradable imaginar el matar al animal nosotros mismos,
¿por qué es menos brutal si otra persona lo hace por
nosotros?
Aunque D’os soñó que
seríamos vegetarianos, Él admitió que la gente quería carne.
Las leyes de Kashrut, manteniéndonos Kasher,
son compromisos con D’os. Su propósito es permitirnos matar
animales para alimento, pero conservando nuestro amor y
respeto a la vida. Mata animales, si debes, pero no te
conviertas en asesino.
Mucha gente comete el error
de pensar que las leyes de Kashrut intentan
mantenernos sanos. Cuidar la salud es también una mitzvá,
un mandamiento de D’os, pero ese no es el propósito de la
Kashrut. Puedes comer una muy saludable dieta no
Kasher y una muy poco saludable dieta Kasher. El
propósito real tiene que ver con el valor de la vida y con
el control de nuestro poder de matar.
Si eres vegetariano,
automáticamente te mantienes Kasher. Pero si comes
carne o pescado, hay cuatro leyes básicas de Kashrut:
1.-Solo ciertos animales pueden
comerse. No hay nada realmente especial acerca de la
elección de cuales animales comer y cuales no. D’os no hizo
a los cerdos y a las langostas prohibidas porque son menos
queridos que las vacas y salmones. Estos no son más limpios
o más santos. La idea es que no nos está permitido salir y
derechamente matar, cualquiera sea lo que sintamos al matar.
Nuestra matanza está limitada a una lista específica de
animales permitidos.
2-El animal debe ser muerto de la forma
menos dolorosa posible. Aún un animal designado para
alimento nuestro tiene sentimiento. Puedes matar para comer,
pero no puedes permitir que el animal sufra.
3.-Toda la sangre debe ser removida de
la carne. La sangre simboliza la vida, porque está siempre
en movimiento en un cuerpo vivo y provee vida al organismo.
Todas las vidas pertenecen a D’os. Puedes comer el animal,
pero no puedes imaginar que creaste la vida de ese animal.
4.-Todos las comidas hechas con leche y
todas las comidas hechas con carne deben ser preparadas,
servidas y comidas separadamente. La carne, que implica
matanza, simboliza el tomar vida. La leche, que nutre a los
recién nacidos, simboliza el dar vida. Los dos conceptos
nunca deben ser confundidos en nuestras vidas.
Manteniendo la leche y la
carne separadas, se nos enseña que nuestra verdadera tarea
es contener nuestro deseo de destruir vida, y desarrollar
nuestras capacidades de dar vida. Esto es algo que nuestra
cultura necesita aprender desesperadamente. Piensa, por
ejemplo, en las películas. ¿Cuántas películas contienen una
terrible violencia-matando gente, lastimando a personas,
explotando cosas-y nosotros sólo nos reímos y pasamos un
rato entretenidos? ¿Hay algo malo aquí? ¿Debe considerarse
entretención la muerte y la violencia? ¿Debe la violencia y
la muerte ser algo divertido para mirar?
¿Qué hay de malo con una
cheeseburger? Primero, no sabemos como fue muerto el animal.
¿Aquellos que lo mataron, fueron cuidadosos para que el
animal no sufriera? ¿O sólo lo mataron de la manera más
fácil, aunque le doliera al animal? Segundo, no sabemos si
drenaron toda la sangre. La mayoría de los animales que
comemos son criados en enormes haciendas y sacrificados en
enormes mataderos donde a nadie, nunca, les importa que sean
criaturas vivientes. Finalmente, el queso, que es hecho de
leche, es mezclado con carne. La vida se mezcla con la
muerte. La violencia se mezcla con el placer. Diciendo que
no a una cheeseburger es una manera de decir no a un mundo
que revuelve vida y muerte, violencia y diversión.
Michael metió su bolsa de comida
“rápida” en el escritorio, pero estaba preparado con otra
pregunta.
“Bien, ahora entiendo las reglas
sobre comida, ¿pero que es eso de no poder ir al mall en
Sábado? ¡Ese es el mejor día para ir al mall!”
¿Has visto alguna vez esas historias en
la TV acerca de personas que ganaron la lotería? Un día ese
individuo despierta y es multimillonario. ¿Alguna vez
imaginaste como cambiaría tu vida si, de pronto, te
convirtieras en multimillonario? De pronto, no tendrías que
preocuparte nunca más de ganarte la vida. Tendrías más que
suficiente. Serías libre. Trabajarías sólo si quisieras.
Vivirías bajo tus propios términos, harías lo que quisieras.
¿Entonces, que es lo que harías? ¿Seguirías en el colegio?
¿Tomarías algún trabajo? ¿Te dedicarías al arte? ¿Hacer
música? ¿Viajar alrededor del mundo?
¿Sabes que es lo asombroso
en esas historias de personas que ganan la lotería? Es lo
infelices que son muchos de ellos. Todo ese dinero, todas
las posibilidades, toda la libertad, y no saben que hacer
con todo eso. Son personas que han pasado toda su vida
soñando con ser ricos y libres. Ahora que lo tienen, eso los
desespera. No saben como ser libres. No saben que hacer con
su nueva libertad.
En la Torá, Moisés
saca al Pueblo de Israel de Egipto, libres de la esclavitud.
Pero los Israelitas tratan de devolverse. Quieren cambiar su
libertad por la esclavitud, porque no saben ser libres. No
saben que hacer con esa libertad.
Yo, probablemente, nunca
ganaré una lotería. Probablemente nunca seré
multimillonario. Pero una vez a la semana, durante todo el
día, imagino ser uno de ellos. Gasto un día a la semana
siendo libre. Para hacer eso bien, tengo que gastar un
tiempo importante pensando que hacer con mi libertad. ¿Qué
es lo más importante para mí?
Las reglas del Judaísmo me
enseñan, primero, que hacer con mí libertad. Y, segundo, me
cuidan del “volver a Egipto”; de abandonar la libertad y
volver a ser esclavo.
Las reglas de Shabat
me enseñan que familia, amigos y comunidad son importantes.
Por lo tanto, paso el Shabat con mi familia, mis
amigos y mi Comunidad. Durante la semana de trabajo, paso
tremendamente ocupado. No atiendo a mi familia y a mis
amigos como debería. No oigo acerca de sus vidas, sus
descubrimientos, sus alegrías. El sábado tengo el tiempo
para escuchar.
Las reglas de Shabat
me enseñan que nuestra capacidad de gozar la belleza de la
naturaleza, es uno de los regalos de D’os. Así que gasto
parte de cada Shabat gozando de la naturaleza. Trato
a la naturaleza en la forma que lo haría con una obra de
arte. La aprecio, pero no trato de cambiarla. Durante mi
semana de trabajo, estoy permanentemente tratando de cambiar
cosas. Tratando de mejorarlas. En Shabat dejo a las
cosas tranquilas y las disfruto como son.
Las reglas de Shabat
me enseñan a encontrar goce en los momentos de mi vida. En
ese día especial, no necesito posesiones que me hagan feliz.
La vida me hace feliz. Es por eso que permanezco lejos del
mall en Shabat. El mall es puro “shopping”. El mall
dice: “El camino para ser feliz es comprar nuevas cosas. ¡Tú
necesitas este nuevo equipo!” ¡Tú necesitas este nuevo
maquillaje! ¡Tú necesitas este nuevo disco!” Pero el
Shabat responde: “¡Se feliz con lo que tienes! ¡Más
cosas no te harán más feliz! ¡Sólo vivir mejor puede hacerte
feliz!”
Toda la semana corro
tratando de hacer cosas. En Shabat puedo relajarme y
vivir, realmente. En Shabat soy un millonario,
gozando de la libertad que gané y obteniendo placer de los
regalos de la vida.
Michael no estaba convencido. “Pero
Rabino, ¿que diferencia hace el cumplir esas reglas? ¿Acaso
el mundo va a cambiar si desisto de las cheeseburgers?”
Se que el rechazar una cheeseburger no
va a terminar con la violencia en el mundo, Y se que
permaneciendo alejado del mall en Shabat no va a
cambiar la creencia de que nuevas cosas te hacen feliz. Mis
elecciones pueden cambiar al mundo apenas una gota, pero a
mi me cambiará un montón. Si voy a ayudar a reparar el
mundo, tengo que empezar reparándome a mi mismo. Tengo que
arreglar las partes rotas de mi- mi violencia, mi odio, mi
codicia y mis celos. Tengo que vivir diferente, pensar
diferente y mirar el mundo diferente. Ese es el propósito de
estas reglas.
La palabra para regla, en
el Judaísmo, es mitzvá. Una mitzvá es,
literalmente, un mandato de D’os, una regla de D’os. Una
mitzvá es una herramienta de D’os en la formación de
seres humanos. Una mitzvá me enseña a ver el mundo a
través de los ojos de D’os. Una mitzvá me enseña mi
poder para trabajar con D’os en mi reparación y en la
reparación del mundo. Una mitzvá es la forma de
enseñarme a andar en los caminos de D’os.
Ser Kasher es una mitzvá.
Me enseña a sentir el amor de D’os por todos los seres
vivientes.
Guardar el Shabat es
una mitzvá. Me enseña lo invaluable de cada momento
de tiempo.
Tzedaká, es una
mitzvá que me enseña la verdadera importancia del poder
y del dinero.
Poner una mezuzá en
mi puerta es una mitzvá que me enseña que mi casa
puede ser un lugar de santidad.
El Judaísmo tiene muchas,
muchas mitzvot, porque la tarea última del Judaísmo
es enseñarnos como vivir una vida importante. Como vivir con
seriedad y con propósito, como compartir los sueños de D’os,
como repararnos a nosotros y al mundo. Esa es nuestra meta.
Es algo en que debemos trabajar todos los días, si somos
serios. Sólo pregúntale a Bobby.